El Yacimiento |Sector 10

El jardín funerario

En la campaña de 2017 sacamos a la luz, delante de la entrada a la tumba, un pequeño jardín o huerto de carácter funerario, también relacionado con los rituales y culto a los difuntos, datado en la dinastía XII, ca. 2000 a. C. A pesar de sus 4.000 años de antigüedad, las semillas allí plantadas se conservan sorprendentemente en buen estado, al igual que el tronco del pequeño árbol, un tamarisco, que creció junto a una de las esquinas.

Se trata de un pequeño jardín o huerto, de 3 x 2,25 m, que supuestamente serviría para proporcionar al difunto las ofrendas vegetales necesarias para su vida en el más allá, además de algunas flores cultivadas por motivos simbólicos, para manifestarle al difunto el deseo de que viviera eternamente. Su tamaño no sería suficiente para las pretensiones del difunto, por lo que puede deducirse que se trata un ‘modelo’ o ‘maqueta’ de jardín, que más que tener una finalidad práctica refleja el deseo del difunto de que, por su emplazamiento, adquiriera un carácter mágico para llevar a cabo su supuesta función. El jardín funerario contenía las semillas en un estado de conservación excepcional, habiéndose ya identificado cilantro, un tipo cucurbitácea, similar a un melón no dulce, y partes de flores de la familia de las asteráceas.

El análisis de los restos botánicos hallados en el jardín nos abren la posibilidad de investigar sobre la manipulación del mundo vegetal con fines religiosos y funerarios. El análisis del polen conservado en la estratigrafía alrededor del jardín, sin embargo, nos informa sobre las especies vegetales que fueron plantadas o que crecieron de forma espontánea en la llanura fértil junto a la necrópolis. En la estratigrafía también se conservan huellas de lluvias acaecidas entre el 2000 y en 1500 a. C.