6 de febrero 2026

La excursión de este viernes comenzó viendo desde fuera la “ciudad dorada” de Amenhotep III que descubrió Hawass y que desde hace años excava para el Afifi. De allí, fuimos andando hasta Deir el-Medina. Las tumbas son aquí muy pequeñas y enseguida se saturan de gente. Aún así, pudimos disfrutar de sus magníficas pinturas. Se conservan en un estado impecable y son de una belleza excepcional. Tenemos la suerte de que estos días nos acompañen una compañera del CCHS–CSIC, Isabel Fernández Morales y su amiga Raquel, que no paraban de comentar la sensación tan íntima que es estar dentro de estas pequeñas tumbas y sentirte rodeado de las figuras de los dioses y textos que cubren paredes y techo.

También están con nosotros mi sobrino Juan y Sofi con su familia de Turín. Las visitas son siempre bienvenidas, nos alegran la estancia y nos permiten compartir la suerte que tenemos de estar aquí. Tras pararnos unos minutos en el templo de la diosa Hathor, proseguimos hacia la zona de las tumbas de Sennefer, Rekhmira y Ramose. No hay dos tumbas iguales, cada una de ellas tiene su singularidad que la hace única. Como se veía venir, la jornada acabó con una paella buenísima, dirigida por Emilio y Javier.