Después de unos días de intenso calor, hoy ha hecho una temperatura muy agradable. En lo alto de la colina corre algo de aire, que amortigua el picor de los rayos de sol. Tras hacer un par de fotogrametrías de la capilla y de las cerámicas del suelo, las numeramos una por una, las ubicamos dentro del conjunto y comenzamos a retirar las piezas completas. Algunas conservaban en su interior restos botánicos de la ofrenda floral. Es una pena no ver, todavía, la estructura a la que deben asociarse. Esto quiere decir, que no hemos encontrado, todavía, ningún objeto votivo que podamos asociar a la capilla. Tal vez, alrededor y dentro del pozo que parece verse detrás encontremos más información sobre los rituales, podamos precisar algo más la datación, etc.
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Alrededor de la capilla ha salido a la luz un enorme depósito de cerámica.
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Las cerámicas son de una época ligeramente posterior a la capilla.
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La mayoría de las cerámicas son “beakers” y jarras de cerveza, de comienzos de la dinastía XVIII.
Los conjuntos de cerámica que hemos ido encontrando casi todos conservan restos botánicos. Eso no quiere decir que sólo se hicieran ofrendas de flores, sino que las otras no han dejado huella. Este es el caso de las libaciones de agua o de leche, que sabemos que se hicieron por el hallazgo de jarras-hes y de bandejas de ofrendas. Las jarras de cerveza son muy numerosas, por lo que se puede deducir que era una ofrenda muy común. Como la cerveza en época antigua debía ser como una especie de gazpacho, si se encuentran restos de cebada y otros cereales en el fondo de la vasija que sirvió de contenedor.
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Zulema disfruta con el conjunto de vasijas, muchas de ellas prácticamente completas.
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Algunas de las jarras conservan restos botánicos desecados en su interior.
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El pozo que excavó Ana necesita restauración antes de cerrarlo con una reja.
El hueco junto a la capilla ramésida era, en realidad, una sala lateral de la misma tumba. Aunque su apariencia es poco atractiva, pues se ha desplomado parte del techo y el interior se rellenó con derrubio que rodó montaña abajo, mantenemos la esperanza de que se hayan conservado las pinturas en la parte inferior de las paredes. Para publicar la tumba y las escenas de telares que decoran la primera habitación, necesitamos excavar la segunda sala. El derrubio que la colmata será tardío, pero nunca se sabe lo que puede salir en el revuelto.
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La tumba ramésida tiene una planta algo rara, con una segunda sala en un lado.
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El techo de la segunda sala se hundió, pero el nivel inferior de las paredes puede conservar pinturas.
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Hoy hemos abierto el cierre de la tumba de Iqer, en medio del patio de entrada a la tumba de Djehuty, para escanear el interior.


