Hoy hemos dedicado la mañana a visitar tumbas que están cerradas al público y que el Servicio de Antigüedades nos ha autorizado a visitar para completar el estudio comparativo de las nuestras. Elegimos cinco tumbas en Dra Abu el-Naga. La primera perteneció al heraldo del rey Tutmosis III llamado Intef (TT 155). Su tumba parece haberse construido unos quinientos años antes y luego él la reutilizó y decoró. Lo poco que queda de la decoración refleja que debió ser una tumba espectacular. Se ubica al norte de la colina, justo a la entrada de un estrecho wadi que se abre hacia el este. Unos pocos metros hacia el este se encuentra una pequeña tumba de esta misma época, que perteneció a un tal Tchati (TT 154). Entre lo poco que se conserva de la decoración destaca una escena que muestra la construcción o excavación del pozo funerario a la entrada de la capilla funeraria, que está siendo esculpida al mismo tiempo.
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Wadi en Dra Abu el-Naga Norte.
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Atravesando el wadi, saliendo de la tumba de Intef.
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Investigando una tumba muy derruida, pero con restos de decoración pintada.
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Pía, Elena y Angie, agradecen el sol de una mañana tranquila.
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Grupo esperando la apertura de una de las tumbas de la lista.
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El director de la misión polaca sale a saludarnos a las escaleras de la antigua casa del Metropolitan Museum.
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Vista de la montaña tebana desde la terraza de la “suite” de José Miguel.
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Puerta de entrada a una mezquita en Dra Abu el-Naga.
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Acuarela de Pía.
Al otro lado del wadi se encontraban otras dos tumbas, que ni siquiera tenían puerta y conservaban muy poca decoración, casi nada, sólo para saber que en su día estuvieron pintadas y tener una ligera idea de cómo pudo ser su estilo. Por último, ya cerca de las tumbas de Djehuty y Hery, visitamos la tumba de Parennefer, sumo sacerdote de Amón al final de la dinastía XVIII, en época de Tutankhamon y Horemheb. La tumba fue recientemente descubierta y restaurada por la universidad de Heildelberg. Además de unas estupendas escenas de barcos, a la entrada de la tumba hay una pareja de himnos escritos en sistema criptográfico, similar al utilizado cien años antes por Djehuty a la entrada de su tumba. Consiste en jugar con las forma de los signos jeroglíficos y sus posibles múltiples lecturas para implicar al lector en un ejercicio de deducción, inteligencia y conocimientos lingüísticos y religiosos.


