19 de enero 2026

José Miguel se ha reencontrado, una vez más, con los shabtis de Tutuya, los dos principales responsables del nombre de nuestro perro, Tutu. Chemi está preparando su segundo artículo sobre el curioso conjunto de shabtis de este personaje que debió vivir a principios del largo reinado de Ramsés II, ejerciendo como supervisor del ganado y mayordomo de Amón. Tutuya es un nombre sonoro, casi una onomatopeya, lo que pudiera indicar su origen extranjero. Pero tenía un segundo nombre egipcio, Nebmehyt, el cual refleja su posible origen palestino, pues significa “Señor del viento del norte”. El caso es que sus numerosos shabtis fueron posteriormente partidos en dos o tres trozos para dañar al personaje en cuestión y anular sus aspiraciones a una vida eterna. En total. hemos recuperado en la excavación 236 fragmentos.  Solo unos pocos de ellos pegan entre sí, y solo tres han podido ser completados. Hoy, José  Miguel, como autorregalo de cumpleaños, ha conseguido completar uno de ellos, el cual, además, conserva en buen estado el texto escrito sobre sus piernas. ¡Felicidades!

Pía y yo nos hemos ido a media mañana al Museo de Luxor, acompañados por Khaled. Este último ha venido desde El Cairo para llevarse de vuelta una muestra que queremos que sea analizada en el laboratorio de arqueometría del Instituto Francés de Arqueología Oriental (IFAO). Se trata de una muestra de la madera del ataúd de la chica de quince años que tenía un collar compuesto por cuentas de piedras preciosas (turquesa, amatista, cornalina, granate y esteatita) y ocho cuentas de vidrio. Queremos hacer C14 para obtener una datación aproximada del vidrio, el cual podría ser el testimonio más antiguo de vidrio del antiguo Egipto. El año pasado mandamos a analizar un hueso, pero al no disponer de una máquina AMS, la cantidad de hueso no fue suficiente para el laboratorio francés. Esperemos que esta vez la madera nos pueda ofrecer una datación “científica”.

En el Museo de Luxor, el Dr. Mahmoud El-Leithy, que apenas lleva unos días como director, asistido por los conservadores habituales del museo, había ya movido el ataúd fuera de la vitrina y nos esperaba en el laboratorio de restauración. Tomamos la muestra necesaria en presencia de Khaled, y luego Pía se encargó de restaurar los pequeños daños que tenía el ataúd. Cerramos la mañana en el museo almorzando con las conservadoras en el laboratorio, junto al ataúd.