Ayer hizo un calor sofocante durante todo el día, llegando hasta los 36º C. Al caer la tarde, el tiempo cambió bruscamente, bajó la temperatura de golpe, vinieron las nubes y se levantó un viento terrible. Por suerte no llovió mucho en el West Bank, pero el vendaval duró toda la noche. Lo malo no eran los golpes pegaban las contraventanas de las habitaciones (la mayoría no tienen enganches de cierre), ni la arena que se colaba por las ventanas (que también cierran mal) o por debajo de las puertas, sino el pensar si nuestras jaimas resistirían las sacudidas. Al llegar al yacimiento a las siete de la mañana, sentimos un gran alivio al ver que todo estaba más o menos en orden.
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Hakim con la cabeza de la madre de Djehuty, llamada Dediu.
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La estatua recupera su cabeza, para satisfacción de Hakim.
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En la excavación del exterior, fuera de contexto, hemos hallado esta cabeza de momia.
Hoy se ha unido al grupo Roxie Walker, siempre acompañada de su gran humor y vitalidad, a pesar de pasarse muchas horas entre huesos de difuntos milenarios. Al fondo de la tumba de Djehuty, Hakim ha terminado de limpiar y consolidar los cuerpos de las estatuas, y se ha puesto a preparar la recolocación de la cabeza de la estatua de la madre de Djehuty, Dediu, que luce una peluca del tipo con el que suele representarse a la diosa Hathor y que estuvo de moda entre las mujeres ilustres de la dinastía XII, quinientos años atrás.
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Roxie retoma el trabajo con los huesos de la cámara sepulcral de Djehuty.
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Roxie con su nuevo gorrito llamado “esmeralda”: un toque canadiense en Egipto.
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Gemma hace una ficha de uno de los fragmentos de relieve hallado en el pozo junto a la fachada.
Al final de la mañana, llegó el cerrajero con la estructura de hierro desmontada para la cámara pintada de Djehuty. La descendimos por partes a la antecámara, a ocho metros de profundidad,y allí la montamos. Luego la descendimos lentamente por el segundo pozo, de tres metros, y el rais Alí y Sayed la fueron introduciendo poco a poco en la cámara sepulcral. Al ser enteramente de hierro, pesaba bastante. Las medidas estaban calculadas para que pudiera pasar por los pozos y las puertas. Las patas las diseñamos extensibles para que, una vez dentro de la cámara, pudieran subirse hasta quedar próximas al techo.
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Estructura de hierro colocada el año pasado sobre el pozo de la antecámara de Djehuty.
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La nueva estructura ya dentro del segundo pozo y a la puerta de la cámara sepulcral de Djehuty.
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Kamal, Yuma y Joan siguen atentos las maniobras del rais Alí y de Sayed.
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La estructura de hierro dentro de la cámara pintada
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Las patas son extensibles para que quede cera del techo.
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Alí examina cómo ha quedado el falso techo de hierro.
Cuando nos planteamos la campaña pasada y en varias reuniones del equipo en Madrid cómo solucionar el problema del techo de la cámara, cómo protegerlo y cómo conseguir que se pudiera trabajar dentro con cierta seguridad, desechamos la idea del apuntalamiento convencional. En primer lugar, porque aún no disponemos de un suelo despejado sobre el que apoyar los puntales, pues la cámara está todavía llena de piedras y tierra. En segundo lugar, porque el techo está enteramente pintado y los puntales podrían dañar la pintura. Y en tercer lugar, porque nos daba miedo que el apuntalamiento provocara el efecto contrario, que produjera el desequilibrio de alguno de los bloques que amenazan con caerse. La solución de crear un falso techo de hierro no pretende evitar que se desprenda un bloque, sino evitar que se dañe la superficie pintada y que se produzcan fuertes vibraciones y más caídas en caso de que se desprendiera algún bloque. Habiendo introducido la primera estructura con éxito, ya podemos ir excavando la cámara bajo el techo de hierro, mientras el cerrajero va preparando en el exterior la segunda estructura.


