Nuestro primer viernes de descanso lo hemos dedicado al Valle de los Reyes. A la entrada, en el centro de interpretación, hay una gran maqueta de metacrilato que muestra de forma muy clara las tumbas excavadas en la roca del suelo, su ubicación y su volumen. Ya dentro del valle, nos llamó la atención que el cartel de información incluye la bandera española, pues ha sido instalado por la empresa Tragsa, la cual ha iluminado los principales monumentos de Egipto, no solo de Luxor, sino también las pirámides de Giza.
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Maqueta del Valle de los Reyes en el centro de interpretación construido a la entrada.
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Cartel informativo indicando qué tumbas están abiertas, construido e instalado por Tragsa.
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El equipo posando a la entrada a la tumba de Tutmosis IV.
Nuestro principal objetivo era visitar la tumba de Tutmosis IV, que ha sido abierta al público hace cosa de un año. La calidad de la pintura es excepcional y se conserva muy bien. Es interesante, además, el hecho de que está inacabada, por lo que pueden verse bien algunos detalles de las fases de su construcción y decoración. Es peculiar observar cómo la diosa Hathor, en calidad de jefa o señora del desierto oriental, es representada recibiendo al monarca, vistiendo distintos trajes. La diosa le acerca el signo de la vida a la nariz para que inhale la capacidad de renacer en el más allá.
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Tutmosis IV es recibido por distintas divinidades, entre los que figuran Osiris y Anubis, quienes le otorgan la vida en el más allá.
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José Miguel contempla la llegada de Tutmosis IV al más allá, recibido por los dioses del Occidente.
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“Hathor, jefa del desierto oriental”, le otorga (de nuevo) la vida a Tutmosis IV.
Muy próxima a la tumba de Tutmosis IV está la tumba de la reina Hatshepsut, que está cerrada al público. De todas maneras, nos acercamos a ver la entrada, para comprobar la similitud del enclave con la primera tumba que se construyó en otro wadi cuando era reina consorte.
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Cielo estrellado en la tumba de Tutmosis IV.
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A la entrada de la tumba de la reina Hatshepsut.
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Entrada a la tumba de la reina Hatshepsut.
Finalmente, nos adentramos en el denominado “valle de los monos” o “valle oriental” para llegar hasta la tumba de Ay, quien fuera sucesor de Tutankhamon, tras oficiar sus funerales, como así aparece representado en una de las paredes de la tumba del joven rey. La tumba de Ay tiene el fondo pintado de amarillo e incluye una escena de caza y pesca en los cañaverales, que era más propia de los nobles que de los monarcas.


