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Entrada a la tumba de Baki, supervisor del ganado de Amón a comienzos de la dinastía XVIII.
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El rais Ali estudia cómo cerrar provisionalmente la tumba ramésida.
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Réplica del jardín funerario de la dinastía XII, ca. 2000 a. C.
Poner en marcha el yacimiento lleva su tiempo, pero, al estar las tumbas de Djehuty y de Hery, y parte del yacimiento, abierto al público, parece como si se conservara mejor que antes. Como las campañas son relativamente cortas, de seis semanas, conviene organizarlo y planearlo todo bien desde el principio. Una de las primeras cosas que hicimos fue retirar los puntales del techo que construyó Nacho el año pasado para la tumba ramésida. De paso, retiramos el techo viejo que cierra el agujero que tiene la sala que está junto a la de las pinturas, por si acaso nos animamos a excavar en esta zona durante esta campaña.
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Detalle de la tumba de Hery, mostrando el traslado de su ataúd en barca, de una orilla a otra del Nilo.
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Un par de bueyes arrastran el ataúd de Hery hasta su tumba, conde unos bailarines “muu” dan la bienvenida al cortejo fúnebre.
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Detalle de los cañaverales representados en la pared derecha de la tumba de Hery.
Tutu nos acompaña también en esta campaña. Parece encantado con la casa y, sobre todo, con el yacimiento, donde puede corretear libre de un sitio a otro. Los trabajadores se han acostumbrado a él y no le tienen miedo. Él tiene ya controlado a los trabajadores; ha asumido el papel de guardián del yacimiento y a las visitas las recibe con algún ladrido que consigue a más de uno poner nervioso.
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Tutu al sol, delante de la nueva decoración de la casa.
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Escalera interior de la casa.
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Vista de la montaña tebana desde la azotea de la casa.
La gran mejora de la casa ha sido pintar a la egipcia el muro de la finca por dentro. El wifi sigue yendo igual de mal, las duchas son regulares, hace algo de frío por las noches, pero ahora tenemos a los dioses egipcios de nuestra parte, es un consuelo. Ahora sí, las vistas desde la azotea siguen siendo espectaculares.


