13 enero 2004

Trabajo de ganinete

La noche se pasó rápido. Tuve un poco de frío a pesar del saco de dormir que me había traído este año de España. Por la mañana, al abrir la contraventana descubrí el porqué: la ventana no tenía cristales. En fin, podría ser peor.

Quedamos para desayunar a las ocho, y poco antes de las nueve Alí vino a recogernos para llevarnos a visitar la tumba que está excavando Farouk Gomaa en Asasif. Nos conocimos en Tübingen en el año 94, él era Ayudante de Investigación en el Instituto de Egiptología de la Universidad y yo disfrutaba allí de una beca postdoctoral. Desde entonces, hemos conservado una buena amistad. Recibió al equipo español con los brazos abiertos, a los pies de una larga y empinada escalera de madera que había que bajar de espaldas hasta llegar al suelo del patio de entrada a la tumba. Se trata de la tumba de un tal Pa-di-neit, de dinastía XXVI. Vivió unos años después de Pa-basa, cuya tumba se encuentra muy cerca, igual que la tumba del contemporáneo Montu-em-hat, la más grande de la zona, cuyos pasillos y cámaras subterráneas llegan hasta debajo del templo de Hatshepsut en Deir el-Bahari, o la tumba de Harwa que excavan los italianos. La tumba de Pa-di-neit es muy grande y algunas de sus cámaras conservan interesantes textos funerarios pintados en las paredes. Curiosamente, el hombre que se encarga de unir fragmentos de inscripciones y recolocarlos en las paredes del patio exterior no sabe leer jeroglícos y lo hace únicamente guiándose por la apariencia de los signos, la textura de la piedra y el tamaño de los huecos en la pared.

A las diez estaba ya cruzando el Nilo en compañía de Alí, para hacer los papeleos previos a la apertura de nuestra tumba en la oficina del Director General de Antigüedades del Alto Egipto, situada junto al Museo de Luxor. Dr. Hulil Ghali es un hombre corpulento, de pelo blanco y mirada inteligente. Arreglé los papeles más rápido que ningún año y tuvimos tiempo para una amigable charla. Al poco tiempo, embarcamos en el ferry de vuelta al West Bank, a la oficina que tiene allí el Servicio de Antigüedades (el “taftish”). Allí fotocopiaron los pasaportes de todos los miembros del equipo y revisaron nuestros permisos. Se presentó el Inspector de antigüedades que nos acompañaría en esta campaña, de nombre Ramadán.

Antes de comer se nos brindó la posibilidad de visitar el yacimiento sin entrar dentro de la tumba. Recogí a Oscar en el Marsam y nos fuimos los dos con Ramadan hacia Dra Abu el-Naga. Los patios de las tumbas tenían una apariencia un poco triste, llenos de plásticos, excrementos de animales y humanos, zapatillas sobre los muros, cubos, latas… Además, había ocurrido un pequeño derrumbe de tierra en la colina, sobre la entrada a las tumbas, sobre la pirámide de Hery. La visita nos sirvió, además de para conocer el estado del yacimiento un año después, para discutir in situ aspectos de la excavación que llevaríamos a cabo este año.

Después de la comida, tocaba hacer reuniones en grupos para aclarar puntos sobre los criterios y protocolo de actuación que se debería seguir en la excavación, sobre cómo ampliar la cuadrícula del yacimiento, etc., y nos dieron las tantas.