En la segunda sala hemos alcanzado un suelo arenoso, de color anaranjado, sobre el cual hallamos desperdigados miles de huesecillos, algunos de ave y otros de peces. Ya estamos cribando todo para que no se nos despiste ni el mínimo huesecillo, pues es crucial para tratar de entender qué estaba ocurriendo aquí. Este nivel tiene más que ver con la galería que conduce a los graffiti demóticos de época ptolemaica, que con la tumba de época ramésida.
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La segunda sala de la tumba ramésida tiene ahora un aspecto mucho más atractivo.
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La documentación exhaustiva de todos los detalles es fundamental.
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Garra de un ave rapaz hallada en la segunda sala.
En otras partes del yacimiento se desarrollan actividades diversas, como la conservación de la capilla grande de adobe, o la fotografía de piezas de cerámica de distintas épocas.
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Hemos comenzado el recrecimiento de los muros de adobe de la capilla grande. Es la mejor forma de conservarla.
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Javier saca una foto a la jarra ptolemaica una vez restaurada.
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Javier Trueba concentrado en la foto.
Por la tarde, después de comer, nos acercamos a la explanada de donde despegan los globos para asistir al espectáculo de caballos en honor al Sheikh Abu el-Qumsan. Realmente es un espectáculo ver tantos caballos juntos, corriendo al galope, haciendo quiebros o siguiendo el ritmo de la música. Muchos jinetes van vestidos de forma tradicional y, con la montaña de fondo, el cuadro que se generaba era de gran belleza.
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Hoy era uno de los tres días de fiesta en honor al Sheikh Abu el-Qumsan que se celebra en el West Bank, en Gurna.
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La fiesta gira en torno a los caballos, y los jinetes compiten para ver quién impresiona más al público, con la velocidad o con trucos.
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Los jinetes van vestidos de forma tradicional.
Para rematar la tarde, nos acercamos luego a la explanada que hay delante de nuestro yacimiento, donde han montado una fiesta, como una feria de pueblo, un miniparque de atracciones. Nos encontramos con varios de nuestros trabajadores y más gente conocida. El ambiente era de total alegría, muy familiar y relajado. Todos montamos en los coches de choque y algunos nos atrevimos incluso a subirnos en las sillas voladoras, a pesar de que fuimos testigos de cómo cambiaban la correa de goma antes de arrancar, y advertimos, además, que los ganchos que unían las sillas al techo no se cerraban. Lo pasamos super bien.


