La excavación de la tumba ramésida es cada vez más intrigante. Hoy hemos alcanzado el nivel de cuando se rompió el techo de la sala. Ahora es cuando, en principio, debería empezar lo interesante. El plano de la tumba es algo confuso, probablemente resultado de querer evitar el irrumpir en tumbas anteriores y, al mismo tiempo, resultado de reutilizaciones posteriores que modificaron el espacio.
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A medida que descendemos en la habitación, se ven más testimonios de actividad.
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Debajo de los adobes y piedras caídas comienza a verse un primer suelo.
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Ibrahim excava junto al cierre de adobe entre la sala 1 y 2.
En lo alto de la colina, a metro y medio de la capilla de adobe, hallamos un pequeño agujero en el suelo con gran cantidad de restos botánicos, sobre todo ramas de persea. La persea era un arbusto que los antiguos asociaban a la resurrección, por lo que era una ofrenda muy común en la necrópolis. Las hojas están muy rotas, pero las ramas se conservan en muy buen estado.
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Ana excava con Ibrahim y Omron. Es una zona muy delicada.
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Desde la segunda habitación las pinturas de telares se ven todavía más bonitas.
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Arriba de la colina, Judit excava un conjunto de restos botánicos asociados a las vasijas.
Los conos funerarios de arcilla son otro elemento muy común en la necrópolis tebana. Con frecuencia, la impronta sobre la base se conserva muy erosionada, casi ilegible, pero otras veces se puede leer lo suficiente para identificar a su propietario. Es un primer indicador de que la tumba debe estar cerca.


