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Tienda de alabastro King Djehuty, justo enfrente de la entrada al yacimiento.
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El Inspector Wagdi sigue con atención todo lo que sucede en lo alto de la colina.
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La capilla de ofrendas parece datar de la dinastía XVII.
La acumulación de cerámica en lo alto de la colina, junto a la capilla de adobe, va aumentando a medida que vamos excavando en la zona. Muchas de las vasijas están completas, pero también hay muchísimos fragmentos de jarras rotas que habrá que recomponer. La datación sigue siendo de comienzos de la dinastía XVIII. Detrás de la capilla de ofrendas, se ve el extremo de dos adobes bien colocados, los cuales pudieran formar parte de un pozo funerario. Nosotros estamos acostumbrados a ver los pozos delante de las capillas de ofrendas, pero, por ejemplo, en Abidos, las capillas que no son cenotafios, sino que están asociadas a un pozo, éste está ubicado detrás de la capilla. ¿Será este el caso aquí también?
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Todavía tenemos muchas piedras sueltas que retirar hasta llegar al suelo antiguo.
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La excavación requiere de mucha paciencia y perseverancia. Los esfuerzos merecerán la pena, seguro.
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Cada poco tiempo hay que ir retirando las grandes rocas que van saliendo a la luz.
En el extremo de delante, hay un pequeño nicho para una estela, probablemente tallada en caliza y pintada, de tan solo veinte centímetros de anchura. Por desgracia, ésta se debió caer y no la hemos encontrado, al menos todavía. La capilla está orientada al noroeste, pero para los antiguos egipcios era como si fuera el oeste, pues para ellos la cadena montañosa iba de sur a norte y, por tanto, detrás de la montaña estaba el oeste, desde el punto de vista simbólico-religioso. Así, cuando se hicieran ofrendas mirando a la capilla, se miraría a occidente, es decir, al más allá. Pero, al mismo tiempo, las figuras representadas en la estela estarían mirando al este, a la salida del sol y, de paso, presenciando la procesión de la Bella Fiesta del Valle cuando marchara hacia Deir el-Bahari.
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Tutu va de un sitio a otro en el yacimiento, atento a todo lo que ocurre. Se ha convertido en el guardián de la necrópolis.
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Zulema recompone vasijas de cerámica de la dinastía XIII.
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Hoy es el último día de Cisco en el yacimiento, y lo aprovecha hasta el último momento.
Las grandes piedras suponen un obstáculo en la excavación de arriba, pues en cuanto excavas un poco a su alrededor, quedan sueltas y son potencialmente un peligro. Por eso, de vez en cuando viene a ayudarnos Bahaá, quien, combinando maza y martillo neumático, consigue ir rompiendo en pedazos las piedras y hacerlas más manejables.


